La no-directividad: La no directividad es 1) dejar que surja
del niño la actividad espontánea: el niño emplea todos sus sentidos en una
actividad que él ha elegido y esto le lleva a un alto grado de concentración. Es
aquí donde se producen conexiones neuronales. Cualquier interrupción del
adulto, cualquier sugerencia, cualquier intervención, hace que esta
concentración se pierda y no se produzcan dichas conexiones y como consecuencia
se dificulta la construcción de sus estructuras intelectuales.
Hay que resistir la tentación de manipular los interéses de
los niñ@s o de estimular la “inteligencia temprana”.
También la no directividad es 2) no darle al niño ni soluciones verbales ni
motrices, es decir, ni dirigirles con la palabra ni completar los procesos que
ellos tienen que vivir y que hacemos, por ejemplo, utilizando imperativos para
marcar sus acciones para completar una actividad, dándoles de comer,
subiéndoles al tobogán… Es decir, que no debemos ni terminar acciones por ellos
ni decirles verbalmente cómo hacerlo.
¿Y por qué no dirigir?
1) Toda actividad programada aliena a los niños de sí
mismos, por eso no proponermos actividades.
2) La no directividad fomenta que los niños sean capaces de
aprender solo lo que están deseosos de aprender, por propia iniciativa. De esta
forma cada diño es responsable de su propia actividad y no hace algo que otra
persona con una posición de autoridad le ha indicado.
3) La no directividad fomenta fuerza interior,
autoconocimiento y determinación en los niños. Además permite la
individualización, porque el niño activa su potencial interno.

No comments:
Post a Comment